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Satisfacción Educativa

junio 19, 2017
He tenido el honor de ser invitado por el Ministerio de Educación de Panamá a dar la charla inaugural en el 1er Congreso Científico dirigido a docentes de Biología, Química, Física y de Ciencias Naturales de educación media académica en la Escuela Normal Juan Demóstenes Arosemena. 

En esa charla, titulada “La Ciencia como instrumento potenciador del docente y el alumno”, destaqué, entre otras cosas la diferencia entre objetos físicos materiales, tales como la Luna y conceptos explanatorios, productos de la imaginación creativa humana, tales como la Energía. 


Al día siguiente, recibí un correo de uno de los docentes de Física participantes que, entre otras cosas, dice así:

Respetado Doctor: Tuve la suerte de escuchar su exponencia hoy y me pareció fascinante, sin embargo quedé con una duda en un ejemplo que usted citó sobre cosas que existen, en el cuál dijo que la luna existe pero la aceleración no existe, que es parte de nuestra imaginación, me pongo a pensar que todos estos años he estado enseñando a mis alumnos a calcular y entender un concepto que no existe, quizás la luna exista porque la podemos ver como un ente material, pero si a lo largo de mi eterno aprendizaje he aprendido a calcular el valor de la aceleración en una cantidad de fórmulas, como aceptar que no exista porque no la puedo ver, eso me hace pensar que la velocidad tampoco existe porque no la puedo ver aunque vea moverse autos, barcos, trenes etc., el tiempo no existe porque solo pasa en las manecillas del reloj pero igual no veo, toco, siento, etc. y así otras cosas que son parte de la imaginación pero que llevan ese nombre, y que sus creadores o inventores  pudieron darle otro, pero de qué sirve si son parte de nuestra imaginación. Ahora creo entender porque muchos alumnos odian la física, claro porque saben calcular pero no le encuentran sentido a lo que imaginan, y nosotros los docentes obligándoles a entender matemáticamente lo que su imaginación no puede. 

Y ni hablar de la bendita gravedad, le hemos tratado de buscar tantas respuesta y sentido a nuestra imaginación que ya no le encontramos sentido a lo bella que es. 

Otra cosa importante que usted dijo porque no lo imaginó, sino que lo vio, los docentes en Panamá no tenemos valor de cuestionar pensamientos ajenos, o mejor dicho quizás no nos da miedo sino que el nivel de confianza propia para debatir ideas ajenas se ve mermado porque somos un pueblo en vías de desarrollo de cultura de aprendizaje y conocimiento. Como usted dice para ser docente se necesita vocación, actitud, personalidad etc. Cualquiera en Panamá puede ser docente, pero no cualquiera sabe enseñar y educar: en nuestras universidades se gradúan verdaderas máquinas de conocimientos, pero pocos educadores, con hidalguía lo acepto. 

Gracias por su tiempo y comprensión.
   
Me ha impresionado muchísimo la honestidad intelectual del docente, su capacidad de análisis y su toma de posición en temas que atienen a su actuación profesional.

Creo que todo educador debe meditar en esas palabras, asimilarlas y asumir su propia actitud respecto a nuestra actividad educativa.

Con todo mi agradecimiento y aprecio para ese docente ejemplar,

Dr. Oved Kedem 
Oved.kedem@weizmann.ac.il