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De Profe a Director de una escuela para jóvenes desescolarizados

octubre 07, 2018
En el año 2012  era profesor en una escuela regular del sistema tradicional de educación Chileno, con preocupación veía como algunos jóvenes no lograban adaptarse a las exigencias y el modo único de ser que se esperaba de cada estudiante, al cabo de un tiempo el resultado siempre era el mismo, aprendizajes no desarrollados o conductas fuera de norma, lo que equivalía a una repitencia o a una expulsión.

A todos los participantes del curso al que asistiríamos en Jerusalén, invitados por MASHAV se nos solicitaron datos sobre deserción o exclusión educativa. Grande fue mi sorpresa cuando descubrí que me era prácticamente imposible llegar a una cifra, principalmente porque era un fenómeno poco abordado en Chile y por lo tanto casi invisible, tanto que no existía una cifra oficial de niños y jóvenes en edad escolar que no estuvieran cursando estudios de forma regular. 


Mi experiencia en el Aharon Ofri International Training Center fue determinante para descubrir que el fenómeno de la exclusión o deserción educativa es un trastorno que se ubica a la base de muchos otros trastornos sociales. Cada niño o joven que no está en la escuela tiene altas probabilidades de entrar en dinámicas de riesgo, como el consumo problemático de alcohol y drogas, o actos de carácter delictivo. Es por tanto una misión de la sociedad toda, independiente de la valoración que el estado o un gobierno de turno pueda hacer acerca de la importancia  de este fenómeno. 

Hoy, y desde hace casi 4 años, soy el director de una escuela primaria que se dedica exclusivamente al trabajo con niños, niñas y jóvenes que por diversas razones han sido excluidos de los sistemas regulares de educación. Todos ellos presentan un rezago escolar de mínimo dos años, y pertenecen a los quintiles más pobres del país. En Chile existe una relación muy estrecha entre la pobreza y la desescolarización, sin embargo existen muy pocas iniciativas dedicadas a la atención de esta población. Todas ellas son de carácter privado y reciben aportes del estado que no son suficientes para cubrir el alto costo que tienen, ya que la cantidad de profesionales y la proporción de estudiantes es muy diferente de una escuela tradicional, es un trabajo mucho más personalizado, que reconoce y se hace cargo de las historias de todos y cada uno de sus estudiantes.

La escuela en la que trabajo pertenece a la Fundación Súmate del Hogar de Cristo, la obra de beneficencia más grande de Chile, y que tiene cinco escuelas que se dedican exclusivamente al trabajo con jóvenes desescolarizados. Gracias a ese apoyo se ha logrado visibilizar de alguna forma este fenómeno, hoy podemos afirmar con total seguridad que cerca de 78.000 niños, niñas y jóvenes de entre 6 y 18 años de edad no están dentro de los sistemas regulares de educación. Sin embargo no existe una cantidad suficiente de programas y escuelas que puedan brindar el apoyo integral que requieren tantos jóvenes. Las escuelas de la Fundación Súmate logran atender aproximadamente a 700 estudiantes, y aunque con resultados tremendamente positivos, es válido decir que aún resta mucho trabajo por hacer.


Una tarea pendiente que me traje desde Israel fueron las enseñanzas de uno de los profesores con los que trabajamos durante el curso, me refiero a Raúl Weis. Imposible olvidar el impacto que nos generó a todos su reflexión sobre la Ética del Cuidado del Otro, un paradigma que conduce el trabajo de las escuelas hacia una mirada diferente fundada en el respeto irrestricto por la dignidad del ser humano, independiente de sus resultados académicos o sus comportamientos cotidianos. Fue tanta su influencia que mi tesis de Magister en Educación la realicé sobre el trabajo de Nel Noddings, autora pionera en la aplicación de este modelo ético en el sistema regular de educación. 

Hoy sigo avanzando en la propagación de las ideas que Raúl nos entregó, creo firmemente que son la base sobre la cual construir un nuevo modelo de educación, que sea capaz de acoger a las personas tal cual son, sin juicios ni moldes preestablecidos. Una escuela tiene el deber de cuidar y enseñar a cuidar, a otros, a uno mismo, al entorno y a la sociedad por completo. Gracias a lo aprendido en Jerusalén hoy me dedico exclusivamente a dicha labor, con el convencimiento férreo de que otro modelo de educación y otra sociedad son verdaderamente posibles. 

Jorge Cáceres Páez
Director y Ex becario del Centro Ofri - METC
Escuela Padre Hurtado